Si el propósito básico es la riqueza, ¡olvídalo!

Está muy bien lograr libertad financiera, pero esta debería ser una consecuencia del propósito real. La riqueza como propósito nunca es suficiente y en especial si se quiere desarrollar un trabajo con pasión o tener un emprendimiento.

Imagínate que llegas a la casa cansado, hecho trizas, después de un día de mucho trabajo y quieres irte a la cama. En ese momento te llama tu mejor amigo y te invita a una fiesta en su casa. Tú le dices: “mira, olvídalo, estoy demasiado cansado y ya estoy en piyama”. ¡Hoy nadie me saca de la casa!

Tu amigo te dice: Ok. Solo quería contarte que va a venir Norma, la chica que te gusta y que preguntó que si venías tú… ¡buenas noches!  En diez minutos estás bañado, perfumado, vestido y rumbo a la fiesta, donde puedes pasar la noche entera sin ningún rastro de tu cansancio. La pregunta es: ¿De dónde sacaste tu energía? Si ya estabas agotado y sin fuerzas. La respuesta es: Del propósito que de repente encontraste.

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