puente confiable entre la banca y los consumidores en la economía digital

“Todo dato, es data para crédito. El tiempo de lectura del contrato en línea que dedica un potencial cliente, la cantidad de visitas al sitio web sobre condiciones y características de un determinado producto financiero, la forma de diligenciar un contrato: entre más completa se hace la solicitud, los detalles consignados, todo puede decirnos algo, darnos información para tomar decisiones sobre un cliente bancario con las herramientas de comunicación e interacción disponibles ya. Así mismo aumentan los riesgos, pero también las posibilidades de atención y pertinencia”, se explicó en una cumbre de expertos en riesgo del sistema financiero y bancario en Bogotá, organizado por SAS y que tuvo como gran invitado a Troy Haines, Senior Vicepresident Risk Research and Quantitative Solution.

 

Y con esta realidad a cuestas, en la que jugadoras Fintech y New Bank se sienten cómodas, las entidades bancarias de todo el mundo deben responder a normativas y disposiciones para el manejo de su negocio, de tal forma que no arriesguen más de lo necesario y que los depósitos de sus clientes estén a salvo, y en gran parte, la economía del país.

 

Acuerdos como los de Basilea en todas sus ediciones – hoy en versión IV-, y otras regulaciones para el sector bancario, imponen prácticas y previsiones a manera de estándares internacionales que pueden impactar la forma en que se relacionan con sus clientes empresariales o individuales, y el cumplimiento de sus procedimientos puede hacer que muchos procesos y transformaciones tomen semanas y hasta meses, lo que se refleja en sus ganancias y costos, que a su vez pueden trasladarse hacia las tarifas al público.

 

Estos aspectos se suman a las principales barreras de adopción de estos estándares que están en las condiciones tecnológicas, de infraestructura, de software y de conocimiento en analítica que requieren.